Lo que encontré, me hizo desear en serio de que se haya tratado de un vándalo que huyó y que solo quiso jugarme una broma. Con lo que me topé fue simplemente algo que hasta este momento me tiene apretando el corazón, un cuadro que se encuentra a la vista de todos y a la vez de nadie, un encuentro cara a cara con una realidad que muchos de nosotros ignoramos, una evidencia de la otra cara de la sociedad.
Ahí ante mis ojos estaba una cara sucia, un estómago vacío, una mirada de cristal y una frágil anatomía de no más de unos 14 años abrigada apenas por una sudadera con la capucha cubriendo sus orejas.
Junto a ese cuadro mientras se rodeaba con sus delgados brazos, sale desde lo más profundo de un pecho sin ilusiones y un corazón pequeño; algo que a mis oídos sonó como una súplica, un último intento: "ayúdeme con una cobija".
Mi abuela baja por las escaleras y voy hacia ella para contarle sobre aquel cachorro que se ha separado demasiado de su manada, agarramos una cobija y cuando los dos regresamos a la puerta, el muchacho ya se había ido...
Regresé a mi cama pero algo cambió, en mi mente sigue la pregunta dándome vueltas una y otra vez, se multiplican y lo peor es que nunca se van a responder.¿A donde habrá ido ese muchacho? ¿Se habrá drogado? ¿Tendrá a donde llegar? ¿Habrá pensado que no quise ayudarlo? ¿Habrá escapado? ¿Donde están sus padres, saben que no está en su cama? ¿Cuánto tiempo lleva deambulando en la calle? ¿Ahora donde va a pasar la noche?
En todo este tiempo es cierto que jamás oculté mi desdén por la humanidad en general; pero, por alguna razón este muchacho hizo que deje de lado todo sentimiento de desprecio y repudio porque, el simple hecho de verlo ahí, parado frente a mi; frágil, con frío y vulnerable; mirándome con esos ojos vidriosos y su corazón de avión de papel con una ala rota, pidiendo ayuda para sobrevivir a la helada noche. Simplemente no pude contra eso, desgarró mi escudo y entró por alguna grieta de mi ya entumecido corazón para demostrarme quizás a mi mismo que no soy tan cruel como yo pensaba.
¿Por qué no fui a buscarlo? no debió haber ido tan lejos, me repetía mientras me sentía el peor ser humano del planeta. Esa imagen jamás se irá de mi mente, y el sentimiento de culpa tras haber dejado que se fuera sin siquiera proporcionarle algo para combatir a la noche no me dejará tranquilo por mucho tiempo. Solo espero que haya golpeado a otra puerta y haya tenido mejor suerte, existen buenas personas, de eso estoy seguro, personas como mi abuela que luego de haberle dicho lo que pasó y ver que el muchacho se marchó; fue hacia su altar a encender una vela y a dedicar una oración por aquel pichón de ala lastimada.
Espero que se encuentre bien.



