¿Cuántos "te quiero" dices en toda tu vida?
Es gracioso, no sabía como iniciar esta entrada y decidí copiar una frase que escuché de un video en youtube que vi hace años y que para ser honesto jamás pensé que utilizaría.
Otra cosa graciosa es que jamás pensé verme sentado escribiendo algo que por lo visto parece ser una muy sentida y sincera declaración de sentimiento hacia alguien, y pues, mírenme ahora.
Tengo muchas cosas que decir, y estoy seguro que si me alejase de la computadora volverían todas en picada, pero justo ahora, justo en este momento mi mente parece quedar en blanco tratando de encontrar las palabras precisas que me gustaría decirte, pero que solo vienen a mi en esos pequeños lapsos de inspiración en los que recuerdo tu rostro, y esos tiernos ojos mirándome después de cada beso, de cada abrazo, de cada caricia; esos momentos que uno a veces desearía que duraran para siempre, y que al final, son los que verdaderamente cuentan.
Quisiera poder encontrar tan solo una palabra que describa la felicidad que me da el tan solo pensar en el hecho de que nos cruzamos en este alocado y caótico camino al que curiosamente llamamos "vida", pensar que algo tan bueno me haya logrado pasar a mi, y que muchas de las veces me hace cuestionar más de una vez si el destino se fijó bien para quién iba dirigida esta dosis de felicidad; ¿en serio es para mi? pero si yo nunca recibo cosas tan buenas, ¿seguro que no habrá alguna confusión? me hablo a mi mismo como si me dirigiera al repartidor, y cuando me logro al fin convencer, la misma duda vuelve a hacerse notar en mis momentos de vulnerabilidad emocional.
No estoy tan acostumbrado a las cosas buenas, no estoy acostumbrado a tanta felicidad, por lo general cuando todo parece ir bien pasa algo que... bueno, me devuelve a mi realidad cotidiana. Pero aquí estoy, aquí estás, aquí estamos; abrazados preguntándonos si nos queremos, quizás solo para reafirmarnos una vez más de que esto no es un sueño, de que es real, de que tú eres real y de que el simple hecho de estar aquí y ahora hace que el resto pierda importancia, o por lo menos durante esas horas en las que tus manos encuentran las mías, acompañadas de un "te quiero" suavemente pronunciado para que no escape a ningún lado, más que a nuestros oídos a una frecuencia en la que pareciera que solo nosotros podemos oír.
No hacemos nada y al mismo tiempo todo, nos quedamos sin palabras, pero no hay necesidad de decirlas, de alguna forma ya las hemos dicho; querer que las cosas se queden tal y como están, que se congele en una fotografía que dure para siempre y que lo que sentimos el uno por el otro no se deteriore con el pasar del tiempo. A veces el miedo a echarlo a perder me agobia, recordar que tengo cierto talento natural para arruinar las cosas me hace temer que un día de estos te levantes y te des cuenta de que no soy lo que quieres. Lo admito, es mi primera vez y estoy asustado; tan asustado como un niño que sube por primera vez a su bicicleta, tan asustado como la primera vez que aprendes a nadar; yo estoy asustado, y, eso es normal supongo.
El café se ha enfriado y mi cigarrillo se ha consumido; y más palabras empiezan a surgir a partir de la nada, más cosas que quisiera seguir escribiendo y que no las pongo por temor a llegar a cansarte o que pienses que soy un pesado. Pero supongo que la idea se dio a entender, el punto es que no sé lo que me hayas hecho, pero sea lo que sea, me gusta; me gusta que seas tú quien saque de su escondite a ese lado que yo creí haber perdido hace tiempo, el que logra que se me dibuje la misma sonrisa de idiota cada vez que recuerdo tu rostro, me gusta estar contigo, me gusta creer que las cosas buenas también me puedan pasar a mi, y sobre todo, me gusta comenzar a enamorarme de ti.

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