Era de esas tardes en las que por alguna razón decides agarrar tus llaves y salir a oxigenar tus ideas un rato, hacer algunas compras, comer algo, ver a las personas ir y venir; un sábado como cualquier otro: poco tráfico, sol agotador, gente en los centros comerciales y yo, solo había un pequeño detalle, yo me encontraba solo.
me he acostumbrado tanto a mi presencia que difícilmente noto que hago las cosas que la mayoría de personas suele hacer acompañado. ¿Llegué acaso a otro nivel de individualismo? quién sabe, es decir no me había dado cuenta del hecho de que estaba dando vueltas conmigo sino hasta luego de horas, cuando llegó la hora de regresar a casa, y fue ya en las últimas escaleras eléctricas que todo pareció haberse puesto en modo de cámara lenta,.
Ver a la pareja de enfrente besuquearse, oír a la esposa recordarle al esposo lo que tienen que comprar, y parecería que en medio de todo eso me encontraba yo bajo la luz de alguna especie de reflector con un cartel diciendo "Persona sola, mantener distancia". Yo y mi otro yo, acompañado de un lienzo en blanco bajando en las escaleras que parecieron haber ido más lento a propósito; más lento para yo poder dar una mirada rápida a todo, para darme cuenta de que me encontraba en en enorme espacio vacío, un espacio de uno, un espacio para uno.
¿Me notarían? ¿se darían cuenta de aquel joven que pasa de tienda en tienda con sus audífonos puestos y su actitud de no importarle? Quizás si, pero la verdad nunca fui bueno para notar esas cosas; no es que me importe, solo tengo curiosidad.
¿Somos seres sociables por defecto, o por decisión? mi pregunta se va hacia si ¿podemos soportar estar con nosotros mismos? o la sola idea de estar a solas con nuestros pensamientos nos espanta al punto de buscar la compañía de alguien que nos traiga algo de ruido a nuestro cerebro para evitarlo.
A lo mejor guardamos tanto en nuestro inconsciente, que tememos por lo que se encuentre ahí almacenado; puede que lo único que queramos sea olvidar, aunque sea por unos instantes, hasta que llegue el momento de asentar la cabeza en la almohada para hacer que esos mismo pensamientos sean los que nos arrullen.
Entonces, ¿decidimos nosotros estar acompañados? o ¿solo es algo que se da porque así es nuestra configuración predeterminada? Lo mejor para esto sería mantener un balance, aprender a estar con nosotros y con los demás, pero ¿qué sucede cuando solo damos cabida a una posibilidad?
Todo esto vino a mi mente mientras esperaba a que las eternas escaleras eléctricas terminen, mientras me dirigía a la salida con un lienzo en blanco y con palabras desordenadas en mi cabeza; tratando de colocarlas de tal manera que formen alguna composición literaria decente, algo que valga la pena leer.
¿Soledad por decisión? ¿Sociables por defecto? no lo sé, un poco de ambos con tendencia a lo primero, disfruto de mi compañía pero temo que si me quedo por mucho tiempo conociéndome pueda terminar cayéndome mal a mi mismo.

No hay comentarios:
Publicar un comentario